Los Gitanos
Los Gitanos
Yuriria, Guanajuato.
Domingo 22 de Mayo de 2016.
Hay tradiciones que parecen abrir pequeñas grietas en el tiempo o quizás sea en la memoria.
Personalmente, cada vez que escucho a una banda de viento recorrer las calles antiguas de Yuriria durante la celebración de “Los Gitanos”, siento como si de pronto todo se conectara con ese Yuriria de mi infancia y de las historias que narraban mis abuelos: uno más lento, más festivo y profundamente ligado a sus costumbres.
Yuriria, Guanajuato.
Domingo 22 de Mayo de 2016.
Hay tradiciones que parecen abrir pequeñas grietas en el tiempo o quizás sea en la memoria.
Personalmente, cada vez que escucho a una banda de viento recorrer las calles antiguas de Yuriria durante la celebración de “Los Gitanos”, siento como si de pronto todo se conectara con ese Yuriria de mi infancia y de las historias que narraban mis abuelos: uno más lento, más festivo y profundamente ligado a sus costumbres.

Recuerdo que desde niño esta tradición siempre me causó mucha curiosidad. Escuchar la música acercándose desde varias calles antes, salir a mirar las mojigangas bailar entre la gente y ver pasar a los niños vestidos a la vieja usanza española montados a caballo tenía algo mágico, casi teatral. Uno sentía que estaba viendo pasar fragmentos de otro tiempo.
Fue precisamente esa sensación la que me llevó años después a salir con mi cámara para documentarla.
Desconozco con precisión la evolución o identidad históruicam pero es una procesión que se acompaña de una banda de viento, dominando la escena gigantes cabezudos que bailan (también conocidos como mojigangas) y los llamados “Gitanos”, que son niños vestidos con trajes inspirados en la antigua tradición española. Todo el conjunto avanza por las principales calles del pueblo entre música, baile y aplausos, hasta llegar nuevamente a la explanada frente al Ex-Convento de San Agustín.
Pero quizá lo que más me gusta de esta tradición es cómo Yuriria terminó apropiándose de ella y transformándola en algo muy suyo.
Entre las mojigangas aparecen personajes profundamente ligados a la identidad del pueblo: una pareja que protagoniza las danzas y que tradicionalmente culmina el baile con un beso entre aplausos de la gente; un fraile que inevitablemente hace pensar en Fray Diego de Chávez; además de toros, tortugas, carpas, garzas y otros animales que forman parte del paisaje y la memoria de esta región.
Son detalles que probablemente no existirían igual en otro lugar.
Recuerdo también que para el año 2016 esta tradición había sido retomada después de varios años de ausencia. De hecho, durante mucho tiempo parecía haberse ido apagando poco a poco. Creo que en ese entonces, el reciente nombramiento de Yuriria como Pueblo Mágico ayudó a impulsar nuevamente algunos esfuerzos por rescatarla y devolverle cierta fuerza.
Y eso me alegraba especialmente, porque bien recuerdo que en mi infancia muchas veces la procesión se limitaba únicamente a las mojigangas, mientras que la figura de “Los Gitanos”, que históricamente da nombre a toda la tradición, parecía ir desapareciendo lentamente.
Por eso aquel año decidí documentarla.
No solo por las fotografías, sino porque siempre he pensado que estas tradiciones merecen permanecer. Son parte de la memoria colectiva de los pueblos. Son esos pequeños rituales que conectan generaciones y que, sin darnos cuenta, terminan formando parte de nuestra identidad.
Y quizá eso es lo que realmente intento guardar con estas imágenes: no solo personas danzando o música recorriendo las calles, sino la sensación de un pueblo tratando de conservar una parte de sí mismo.



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